
Me gustaría, aprovechando fechas que invitan a balances, expresar mi admiración y gratitud a todos aquellos que vienen entregando su tiempo, su sudor, sus lágrimas y hasta su dinero, por lograr un mayor respeto a los derechos fundamentales de los animales; un debate que a estas alturas debería estar más que superado y que sin embargo, continúa inexplicable y dolorosamente abierto, porque abiertas permanecen también las heridas por las que se desangran todas esas criaturas a manos de algunos hombres, en los que la evolución, lejos de servir para alimentar su ética, se ha convertido en un instrumento al servicio del antropocentrismo más destructivo.
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